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La Columna OcioZeta-Sevilla Escribe, ''Ser escritor en los tiempos de internet I''



La verdad es que esto es algo a lo que llevo bastante tiempo dándole vueltas, y el ir a certámenes literarios, presentaciones de libros y más eventos del palo no hace más que confirmar mi teoría. Está claro que para ser escritor es necesario escribir, y que se exigen o suelen exigirse unos mínimos, pero creo que hoy en día intervienen demasiado otros factores...


Remontémonos al principio, obviamente no al principio del lenguaje escrito, sino a lo que para mí vino a ser un principio.


En mi bisoñez escritoril, cuando apenas era un chavalito que leía mucho y empezaba a emborronar folios, lejos de todo contacto con internet y de compañeros que compartieran el gusto por la escritura o inclusive por la lectura, pensaba que salvo los escritores de muchísimo prestigio, tipo Gabriel García Márquez, Stephen King y otros tantos, los demás eran personajes casi anónimos, gente que aunque apareciera en algún que otro evento u ocasionalmente en la solapa de sus libros, no se prodigaban demasiado, que eran sus obras las que hablaban por ellos, porque nada más hacía falta. Tal vez hace mucho fuera así (no tengo muy claro cuando empezó a producirse el cambio, si es que lo hubo. Quiero pensar que cuando se descubrió que con internet se conseguía que todo fuera más cercano, y por tanto un medio de publicidad magnífico).


Y ahora, antes de entrar en materia, pasamos a las aclaraciones, que a mi parecer no deberían ser necesarias, pero es aun con ellas y no falta quien te tache de categórico. Así que ahí van:


Está claro que hay muchísimos escritores que no encajan en los perfiles que se darán, y otros a los que aun encajando en uno o más aspectos, no se les estará tratando de tirar por tierra. Sólo serán expuestas algunas de las pautas que siguen, aunque no negaré que entre ellas a mi parecer hay de todo: desde muy buenos métodos de marketing, pasando por los que simplemente no creo adecuados o demasiado dignos, y hasta llegar a los que me parecen tremendamente cutres o de una pedantería y capullez que da vergüenza ajena.


En cualquier caso, y aunque la meta viene siendo la misma o cuando menos muy parecida, cada autor toma el camino que cree más conveniente, y que los hay con distintos criterios y con más o menos estomago. No faltarían ejemplos, en cualquiera de las tres categorías enumeradas arriba, de a quien le funcionó estupendamente. Yo mismo adopté o me planteo adoptar algunas a las que encuadraría dentro del tipo uno o el tipo dos. Porque aun sin convencerme, con la competencia que hay, lo que hacía falta es que uno mismo se pusiera barreras morales o se negara a utilizar medios que están al alcance de todos (con este párrafo aclaro el tema y evito que alguno de los que me tienen manía aparezcan para señalarme con su dedo acusador diciendo: ¡PUES TÚ LO HACES!¡HIPÓCRITA, QUE ERES UN HIPÓCRITA!).


Como decía antes de la parrafada, mi impresión es que el autor antes era una figura más anónima, y de que la obra era un poco la que hablaba por él. Quizás mi impresión de entonces pudiera deberse a mis pocos años o a mi alejamiento de cuanto estuviera más allá de los libros, pero lo que sí tengo claro es que hoy no es así. Han surgido diversos factores ajenos a la escritura creativa que parece que se han vuelto necesarios. Factores de los que antes supongo se ocupaba la editorial o un agente cuando había un libro que promocionar, pero que hoy empieza a llevar a cabo el propio escritor. Y lo más curioso de todo es que hay quien lo hace sin tener nada que ofrecer. Autores que llevados por la ilusión comienzan a vendernos humo. Y lo más curioso de todo es que parece que funciona.


Sinceramente y visto lo visto, creo que es más importante ser un buen relaciones publicas que un buen escritor, y que muchas veces no es importante ser escritor, con parecerlo ya viene bastando (algo que nos llevaría a la columna que siempre acaba quedando para otro día: "La importancia de parecer escritor").


Quiero pensar que antes el proceso era el siguiente: un tipo, después de darle muchas vueltas al coco, concebía lo que a priori podía ser una buena historia para una novela, y tras echarle un montón de horas, incluso llegando a aislarse un poco del mundo, conseguía terminarla. Hecho esto la dejaba reposar, la pulía y empezaba a moverla o buscaba quién se la moviera. Hoy poco falta para que sea al revés.


Hay diversas maneras y métodos a los que los autores se acogen y que difícilmente podrían tratarse todos en una sola columna, aunque todos ellos, en mayor o menor grado, hacen que el autor se aparte de la escritura creativa y sea víctima de esos males de los que el compañero, Canijo, trataba de prevenir al aficionado-cabretilla en una de sus columnas anteriores de "El hombre y la letra".


Mi idea en ésta y en próximas columnas es ir dejando algunas pautas al respecto. Aunque ni que decir tiene que en esta "caza de brujas" dejaremos al margen a los columnistas eventuales de portales literarios, los cuales pudiendo estar echándole un rato a sus novelas de samuráis o a sus relatos de arañas, dedican parte de su "valioso" tiempo a compartir sus pensamientos e inquietudes con los lectores. Sin duda una labor desinteresada y muy loable.


Las redes sociales


Muchos son los autores que a día de hoy dedican más tiempo a sus cuentas de twitter, facebook u otras del palo que a escribir de forma creativa o a algo relacionado con esto. Un autor inmerso en las redes sociales y que quiera sacarles partido intentará hacerse todos los "amigos" posibles, y que lo agreguen escritores que estén claramente por encima suya, de los que intentará hacerse amigo realmente o a los que les hará la pelota si se tercia. El amiguismo y el enchufismo es una baza muy poderosa. Con suerte podrá apoyarse en ellos en un futuro si el buscar nuevos seguidores, comentar a todo el mundo, colgar fotos y participar en todos los juegos chorras que lo presenten como un tipo simpático, y otras tareas ajenas a este tipo de redes sociales, le permiten terminar su libro.


Obviamente cada autor se implica al nivel que quiera o le dejen. Pero por muy ajeno que trates de mantenerte, tienes que tener claro que si entras en el juego recibirás veinte mil millones de chorraditas y comentarios, y que tendrás que enviar otros tantos, lo cuales, en la mayoría de los casos, estarán muy lejos de ser útiles o incluso entretenidos, que perderás toda o buena parte de tu intimidad. Aquí el grado de educación del escritor puede resultar un serio problema a la larga. Más de un conocido aficionado a darle a la tecla dedica horas al día a contestar y borrar mensajitos del palo. En cuanto a las ventajas: promoción personal de salida, publicidad de tu obra si llega a salir y promoción de eventos y cruce de comentarios con tus lectores. Y en el peor de los casos mucho entretenimiento. En cualquier caso, viene siendo mejor que un chat al uso.


Bueno creo que por aquí podemos ir cortando, que no quiero que las columnas se alarguen en exceso. Para no dejar con la intriga a los que el tema les resultó interesante, decirles que en mi próxima columna me propongo centrarme un poco más en blogs y las paginas webs personales y comunales... además de en el tipo de seres que las habitan.


La Columna OcioZeta-Sevilla Escribe, "Una aguja en un pajar"


Bueno, pues tras una pausa más o menos larga, retomo las columnas. A ver cuánto dura la cosa, porque temas de los que escribir hay, pero el tiempo no ayuda. Hoy vengo a hablar de algo que me parece preocupante. Una amenaza que crece a pasos agigantados y quiero pensar que es pesadilla de más de un lector, entre los cuales me cuento. Se intentará no ser alarmista sin que por ello se le llegue a quitar hierro al asunto. Y tras esta introducción, vamos con ello.


Lectores, el escaso sitio en nuestras estanterías, siempre en peligro de extinción, quizás algo atenuado por la salida del e-book, afronta hoy un nuevo problema.


Quiero aclarar antes que nada, por innecesario que pudiera parecer, que estoy generalizando, y que obviamente, como se suele decir: no son todos los que están, pero están todos los que son.


El que me conozca sabrá que llevo años moviéndome por foros, y aunque no me considere un lector de género ni un protoescritor de género, son este tipo de foros los que suelo frecuentar. En parte por afinidad con los pobladores, en parte porque no conozco muchos foros que no sean del palo que merezcan la pena.


Por otro lado advertir que hablaré de mi experiencia personal de cada día. Estoy lejos de embarcarme en estudios de mercado y demás.


Supongo que a estas alturas os preguntaréis: ¿Pero me va a terminar hablando de algo? Sí, sí, a eso vamos.


No sé si es impresión mía, pero creo que en la literatura de género se da una curiosa peculiaridad: hay tantos lectores como escritores. Todo el que está en el mundillo parece darle a la tecla con mayor o menor fortuna. Algo que creo que se lleva dando desde hace bastante tiempo, pero que de un tiempo a esta parte se ha visto abocado a ciertos cambios.


Antes esta nueva hornada de autores no solían pasar en su mayoría de colgar algún relato en un foro o colar algún texto en alguna antología que solía ser propuesta por los mismos foros. Y de entre ellos siempre había alguno que despuntaba, y era ése el que, con mayor o menor fortuna, terminaba dedicándose a escribir a tiempo parcial y sacando una novela de vez en cuando. Y ése era uno de los elegidos, uno de los que había conseguido traspasar la difícil barrera y publicar. Pero eso era antes...


Es un hecho que a día de hoy, por mucha crisis que tengamos, más allá de la pasión por la literatura o el tratar la edición como un negocio que se conoce y del que se intenta vivir, se cuenta con la ventaja de la impresión digital y un montón de historias que abaratan los costes de publicación y permiten las tiradas mínimas. Y si a esto le sumamos el hecho de que el estado da ayudas por montar editoriales sin otro requisito que el de publicar X libros al año, nos encontramos con un crecimiento desmesurado de pequeñas editoriales. Entre éstas, indudablemente, están las que lo dan todo, las que publican asiduamente y tiene un criterio de calidad aceptable; pero no siempre es el caso.


Esto hace que un porcentaje X de gente no cualificada, o que no busca más que una subvención, se ponga a editar. El problema comienza cuando un aluvión de esta nueva hornada de escritores se pone en contacto con el aluvión de editoriales nuevas y empiezan a salir libros al mercado.


De un tiempo a esta parte, por ridículo que parezca, empieza uno a sentirse raro en unos foros en los que todo el mundo, menos yo, parece tener novela jejejeje.


Recapitulando, nos vemos ante el hecho de que un montón de escritores y editoriales, mejores o peores, confluyen y empiezan a salir libros a porrillo. Obviamente sale de todo, y los foros empiezan a llenarse de noticias de conocidos o amigos diciendo: Tío, tal tal ediciones (una editorial que en el 90% de los casos no sabías ni que existía) me va a sacar una novela. En ocasiones piensas: pues leí varios relatos de este tío y me parece lógico que le publiquen, ya estaban tardando. Pero esto no suele ser lo común.


Luego sigues el hilo y te enteras de lo que va el libro, en el 90 % de los casos alguien tuvo la feliz idea de reescribir Harry Potter, el Señor de los Anillos, Juego de Tronos, Crepúsculo u otra novela de zombis, a veces tan vergonsozamente parecida al original que hay que llamarlo homenaje. Y la diferencia apenas radica en que en lugar de elfos se llaman yuris, y son verdes, o que en lugar de un estúpido niño con gafas, es una niña marginada que descubre que en realidad es un hada. Lo bueno, que al menos en estos casos ya estás a la defensiva y tu bolsillo no se resiente, o no debe resentirse. Porque es cuando llegamos al momento del acoso y derribo.


Llegando a este punto, veintemilmillones de amiguitos de Facebook, que en la mayoría de los casos ni conoces o no te hablan desde hace un siglo, empiezan a mandarte invitaciones a eventos o incluso te llaman por teléfono para "compartir su alegría contigo" e invitarte a la presentación de su novela, de lo cual en muchos casos te alegras, pero en otros no tanto, e incluso en el segundo caso, si te coge en tu ciudad y el tipo es tu amigo o amigo de un amigo pues vas, porque en el fondo es un buen momento para reencontrarse con mucha gente y a uno le van estos saraos.


Una vez allí te encuentras el libro a la mano y le echas un ojo por encima, y en un porcentaje muy alto te sobra media cuartilla para darte cuenta que estás ante un aborto de novela, llena de repeticiones, mal puntuada, con faltas y un largo etc. Y te echas a temblar. Ya no por lo que cueste, sino por el problema de las estanterías y la sensación de estafa. Te podías gastar el mismo dinero tomándote unas cañas con los colegas pero luego, ¿qué haces con el libro? Yo no sé vosotros, pero soy incapaz de tirar un libro por malo que sea, y uno no tiene tantos conocidos lectores a los que aprecie tan poco como para hacerle regalos de ese tipo. Aparte uno se siente mal, como en el cuento de Stevenson del diablo en la botella, pasando la maldición a otros. Por lo que, si al final te ves en el compromiso de comprarlo, pasa a criar polvo en tus estanterías hasta que puedes darle largas o acabes por donarlo a una biblioteca.



Una de las cosas que más me sorprende, más allá de que el autor no parezca tener consciencia de su aborto, es que éste te llegue pavoneándose, en ese día en el que es el niño del bautizo (estoy firmemente convencido de que la tontería del autor es inversamente proporcional a la calidad de lo que escribe), y te diga algo del tipo: la escribí en dos meses. Y es cuando tú te muerdes la lengua para no decirle: se nota.


En lo que va de año he recibido varias invitaciones, y conseguí librarme de alguna que otra muy chunga. Tambíen me salva el ser muy sincero, y el decirle a más de uno: mira no lo compro porque no sabría qué hacer con tu libro, o no tiene mucho sentido que me compre un libro que no voy a leer. Sé que puede resultar cruel o molestar, y lo duro que es o debería de ser para un autor escribir un libro (siempre y cuando no sea una parida escrita a vuelapluma) yo mismo lo intento hace años y a día de hoy no fui capaz, pero no concibo el comprarme un libro por amiguismo.


No obstante, estando como quien dice a principios de marzo, ya fui a varias presentaciones, y compré algún que otro libro más o menos legible y alguno que otro interesante, pero hubo uno en especial que estaba lejos de ser de una editorial pequeña con el que me la metieron doblada. Por respeto al autor no daré nombres, pero tras leer el primer capítulo con mucho trabajo uno queda con la sensación de haber sido estafado, y se pregunta cómo alguien se dignó a publicar semejante truño.


No sé vosotros, pero yo he llegado a un punto en el que más allá de mirar por mis pobres estanterías, apenas me fio del criterio de unos cuantos, y según el caso. Ya que si el autor en cuestión es amigo del preguntado, en el peor de los casos te suele decir, de haberlo leído: está bien o entretenido. Algo que también me pasó. Y luego cuando te vuelves a encontrar con el recomedador, y te acuerdas junto con el libro, de algún familiar cercano, y aludes a su condición de macho de la cabra te suele confesar: bueno, sí, es malillo.


Pero como ya dije al principio estoy generalizando. No dudo de la existencia de autores, conocidos o no, o editoriales, pequeñas o no, que sepan muy bien lo que se hacen. Aunque lo cierto y verdad, al menos a mi parecer, es que encontrarlos cada vez se parece más a buscar una aguja en un pajar.


La Columna OcioZeta-Sevilla Escribe, "Romper barreras"



Pues aquí estamos con otra columna que, al no tener la idea demasiado clara y sin querer dejar nada en el tintero, estaba demorando. En cualquier caso, como me conozco, y no quería llevarme un coscorrón de Canijo por perrete, me dije anoche: "de mañana no paso". Y al levantarme, tras llevar un par de días con algo rondándome por la cabeza, se me ocurrió la idea para otra columna, a mi parecer más interesante, necesaria, y que me llega de forma más clara.


El tema de la otra, que sé que alguno esperaba, es: "La importancia de parecer escritor",en la que daba caña a las posturas de algunos personajes con ejemplos reales, tanto a los autores en términos generales, por su pedantería y absurdas poses, como a parte del sector publico, aborregado e idólatra por sistema, al que le gusta ponerse la venda. Un tema más polémico, que quizás levante más ampollas y consiga más comentarios, pero en cualquier caso menos enriquecedor, y que dejaremos para más adelante.


Hoy me apetece hablar de otra cosa, que por otro lado, tras dar una vuelta por mis otras columnas, me he dado cuenta de que todo o casi todo lo que trato suele estar relacionado estrechamente conmigo, o más concretamente con mi experiencia literaria más personal, lo cual creo que podría tildarse de pedantón si no fuera porque siempre acabo dándome caña o confesando mis incapacidades (algo que por otro lado no sé si será recomendable para el futuro de mi inexistente carrera literaria, eejeje).



Como algunos sabéis, tengo tendencia a analizar la forma, el fondo, la prosa y todo lo analizable en cuantos textos crea que merecen ese análisis, ya sea de un compañero de Sevilla Escribe, de uno de OZ o del más ilustre y conocido escritor de panorama literario, y en base a gustos, metas, y a lo que a mi parecer resulta importante o necesario, caigo en las comparaciones con mis propios textos, algo que en más de una ocasión resultó desalentador (una manera sencilla y barata para frustrarse, que recomiendo a los que, como yo, sientan una especial tendencia por el perfeccionamiento literario estrechamente ligada al masoquismo).


Con el tiempo, y los comentarios y bromas crueles de un montón de mamones, en especial compañeros de Sevilla Escribe, acaba uno cayendo en la cuenta de que, sin querer, asume uno el rol de escritor torturado, aunque sea de una forma un tanto descafeinada (aún no intenté suicidarme ni tomo ingentes cantidades de droga para aliviar el dolor de un alma herida). Pero sí es verdad que el caer en la cuenta de mis limitaciones, aunque me alienta a mejorar, resulta doloroso.


En otras columnas ya hablé de mi incapacidad para tocar según qué géneros literarios con un resultado que me parezca satisfactorio (aunque en algún aspecto se va poniendo remedio), o de mi incapacidad para escribir más desahogadamente, consiguiendo un pulso literario que haga el proceso lo más natural posible. Algo que mi afán de perfeccionamiento convierte en un parto largo y doloroso.


Hoy vengo a hablaros de otras de mis incapacidades. He advertido que al darle a la tecla soy capaz, con mayor o menor éxito, de retorcer lo retorcido, y montarte una trama conspiranoide en la que nada es lo que parece, llena de mentiras, verdades a medias, dobles intenciones y traiciones, pero que todo lo que escribo se ve lastrado o limitado por mi racionalidad. Con esto no me refiero a que no pueda lanzarme a esos nuevos géneros en los que se escribe de otra forma, rompiendo con las bases de lo establecido estilisticamente, como se hablaba en las columnas anteriores de Canijo y Guy, que tampoco puedo. Sino a adentrarme en el fantástico, en el fantástico de verdad, o en el que, al menos para mí merece la pena. Un fantástico alejado de duendes, elfos, dragones y magos que lanzan bolas de fuego. Hablo de romper las barreras de lo establecido, de cambiar el enfoque de algo que resulta cotidiano, y racionalizar lo fantástico. Es algo que le he visto hacer a algún que otro autor, como por ejemplo a Félix J. Palma, en lo poco que le he podido leer, a Vito Márquez, compañero de Sevilla Escribe, en algún cuentito, y recientemente a María José Barrios, una autora de micros sevillana de la que dejé algún comentario en el apartado de literatura de OZ, con algunos de sus micros y un enlace a su pagina. Y de la que, como ya dije en ese hilo, me voy a tomar la licencia, ya que son textos que están en internet, de citar a modo de ejemplo.


Celos


Estaba tan convencida de que tarde o temprano la iba a engañar que decidió no casarse con él, no acudir a la cita, no comprarse ese vestido, no entrar a trabajar en aquella oficina, no estudiar en la Universidad, no alternar con esos chicos del instituto, no pasar los veranos con sus abuelos, no llegar a nacer siquiera.


Tal vez a algunos con la mente más abierta que yo, o más relacionado con este tipo de fantástico, les pueda resultar tonto o irrelevante, pero ese: "no llegar a nacer siquiera", me ha encantado. Decidir no nacer..., un concepto que creo que no se me hubiera ocurrido, y que se trata de forma natural, como cierre de una lista de decisiones que parecieran tener menos importancia de la que en verdad tienen. En definitiva, romper con las barreras de lo establecido, y adoptar mediante la forma y el tratamiento del texto una idea fantástica y darle vistos de realidad.


Sinceramente creo que en este tipo de juegos y recursos está el camino a seguir para darle a la literatura un aire renovado, y que siga siendo literatura sin desvirtuarse. Algo que igual se hace más de lo que imagino, y simplemente es cosa de autores a lo que aún no le hinqué el diente (que por otro lado no estaría nada mal que la columna sirviera para citar alguno de estos autores, a ser posible más allá de Cortaza y Borges). Pero en cualquier caso me parece un buen camino, mejor al menos, basándome en mi concepción de la literatura, que el de inventar nuevas formas narrativas basadas en lo etéreo, en la sucesión de imágenes sugerentes, o en pasajes autoreflesivos o en los que se dejan huecos gigantescos, en el mejor de los casos, para que el lector, con una fe infinita y una imaginación desbordante, rellene. Formulas entre las que citaré la "Locura Negra Guybrusiana", por ser de las que tengo más leídas, aunque debo reconocer que me resulta de las más cercanas y de las mejor concebidas. Una de las pocas en las que al leer llego a disfrutar, en especial de la prosa, y en las que no siempre queda uno con el pensamiento de: éste está muy drogado, o se cree que soy tonto, o tiene una confianza importante en ese público fácil de impresionar.


En definitiva, que al final escribo, escribo y hablo casi de todo, y apenas de lo que venía a hablar. Aunque por otro lado creo que más que un tema es un concepto, que no requiere de muchas explicaciones. Aunque pueda resultar un tanto topico, creo que tenemos que romper, yo el primero, con esas barreras que nos impone lo lógico o establecido, y dar tintes de realidad a nuestras fantasías, hacer logico lo ilogico. Tomar plena conciencia de que el límite es nuestra imaginación, y que la imaginación es algo ilimitado, algo que hay que dejar elevarse y volar, como una cometa... pero sin soltar todo el hilo.






La Columna OcioZeta-Sevilla Escribe, "Problemas con la literatura"


Bueno pues allá vamos con la tercera.

En columnas anteriores el compañero Francoix nos habló de la astenia literaria y el compañero Guybrush sobre la falta de inspiración o ese miedo al folio en blanco, ambos problemas que en mayor o menor grado habrá sufrido todo el que tiene por costumbre darle a la tecla. Tal vez sean los dos problemas más comunes, mas en mi caso creo que no los más serios ni comunes. Dado que la lectura es parte esencial en la vida del escritor y lo queramos o no nos condiciona, creo que se podía tocar este tema para ayudar aportar más claridad al tema.

En cuanto al problema. No sé incluso si tendrá su nombre o si será un mal más o menos extendido, pero a falta de conocer un término concreto creo que podríamos definirlo como sublimación del acto de escribir. Supongo que en mi caso tendrá que ver con el tipo de literatura que me gusta. Literatura clásica, generalmente sesuda, y en la que se le da bastante importancia a la prosa. Busco literatura de la que deja huella y arranca emociones de la manera más viva posible. No concibo la literatura como algo meramente entretenido, y que creo que suele ir muy en la honda de los tiempos que corren. Esto no quita que lea prosa más actual y no pueda disfrutarla, siempre y cuando el autor tenga una identidad literaria que me resulte atractiva y no caiga demasiado en la cotidianeidad. Supongo que mi problema en el caso de la lectura pueda ser por falta de información o simplemente es que soy muy clásico o bastante cerrado de mollera. En cualquier caso esto hizo que dejara docenas de novelas y relatos inconclusos. Me cuesta muchísimo encontrar autores actuales de mi agrado. En el caso de los extranjeros, poquísimos. Y salvo que la memoria me falle, creo que ninguno nacional que no lleve muerto bastante.

Llevo meses intentando sacar algo en claro de obras actuales, pero no hay manera. El último libro que terminé y con el que recuerdo haber disfrutado, aunque con alguna que otra pega, fue el de “Soy leyenda” y no sé hasta que punto puede considerarse actual. Desde entonces, no he sentido que estaba disfrutando de un buen libro hasta que empecé a leer “Ocnos”, de Luis Cernuda. Un autor que a mi parecer posee esa grandeza que han de tener las letras. Una gozada de libro, pero sigue ahí la espinita. Esa necesidad de encontrar otras vertientes literarias de las que poder disfrutar.

Por otro lado cuando leo a otros, (y hablamos en su mayoría de textos actuales) y llega a darse el caso de que me gusta, me planteo si sería algo que firmaría. Un texto del que me sentiría orgulloso de haberlo escrito yo. Y la respuesta suele ser negativa. Y tengo claro que no es por falta de calidad, sino por una falta de conexión con los textos o la forma de exponerlo. Una falta de conexión que también tiende a darse a la inversa. En más de una ocasión me sorprendió ver cómo textos que consideraba trabajados y de los que me sentía orgulloso pasaban sin pena ni gloria. Y otros en cambio, escritos en un cuarto de hora, sin ganas y condicionado por temas o extensiones, pudieran gustar tanto.

Y en lo que a escritura se refiere y la sublimación de la que antes hablaba, pues supongo que a todos, en mayor o menos grado nos llegan historias a la cabeza, pero en mi caso tengo que encontrar algo en la idea o en la forma que la haga especial o no la escribo. Esto hace que tenga montones de ideas desechadas, sin empezar o a medias. Tal vez dicho así pueda sonar normal, pero hubo textos de 1500 palabras que teniendo la historia tardaron en escribirse más de un año por no encontrar el enfoque adecuado.


En mi caso puedo pasar días sin sentarme delante del ordenador a escribir o tardes enteras peleando con un párrafo por no encontrarlo de mi agrado. Y una vez encontrado, suele variar en correcciones a posteriori.


Habrá quien piense que está muy bien ser tan perfeccionista o tan exigente. Pero en verdad creo que puede llegar a ser un serio problema. Un problema que trato de solventar. Creo que la literatura es muy respetable, al igual que la gente que escribe, pero creo que es necesario perderle el respeto al acto de escribir. Romper esa barrera que nos lastra y nos impide adquirir ese oficio de escritor. En mi caso creo que por mucho que progrese, y muy lejos que pudiera llegar en esto de la escritura, no podré llamarme escritor hasta que el acto de escribir se convierta en algo natural.


La Columna OcioZeta-Sevilla Escribe, "El antes y el después de Internet en la vida de un juntaletras"



Bueno pues aquí tenéis mi segunda columna, que escribo alentado por los compañeros del colectivo, puesto que el tema que trata es un poco sobre mi andadura “escritoril” y cómo mi paso por Internet influyó en ella. Espero que de aquí se pueda sacar algo bueno.


De salida comentar que aunque siempre tuve interés por la lectura, aunque fuese compartido con otros tantos, la afición por escribir fue tardía. Por un lado mi ortografía era pésima y tampoco tenía el menor interés en remediarlo. Cosas tales como los acentos y la mayoría de signos de puntuación estaban de más y escribía siempre en mayúscula y con una caligrafía horrible, y esto último no ha cambiado. Supongo que todo esto se vio condicionado a que como no había plazas para estudiar lo que quería me puse a trabajar apenas terminar la EGB, y para lo único que me servía escribir por entonces era para hacer listas de pedidos y poco más.

Otro de los factores que creo me influyó a retrasar el primer paso, es el tipo de lectura que me gusta. Poco antes de empezar, a eso de los veintipocos, mis autores de cabecera solían ser: Dumas, Stevenson, Quevedo, Bécquer, Víctor Hugo, Goethe y algunos más del palo. Por lo que la cosa me infundía muchísimo respeto. Para mí eso era escribir y acercarme me parecía del todo imposible.

Hoy en día quiero pesar que aunque fue debido a un cúmulo de factores, hubo un par de ellos determinantes. El primero fue el reunirme con un grupo de amigos para intentar hacer cortometrajes. Y como ganas había pero no muchas ideas y a mí lo de contar historias no se me daba demasiado mal, pues me convertí en el guionista a falta de alguien mejor. Ya ahí empecé a cogerle el gustillo a la cosa, pero no sería hasta la lectura de Ivanhoe que decidí lanzarme a contar mis historias. La obra de Walter Scott resultó tremendamente evocadora.


No sé si os pasaría, pero uno de las cosas que buscaba era el escribir historias que contuvieran elementos que echaba en falta, aunque con el tiempo descubrí que no era a causa de los libros, sino a mi desconocimiento. Muchas de esas cosas vinieron más tarde de mano de autores que por entonces desconocía.


Al principio emborronaba folios con ideas peregrinas a ratos perdidos, momentos en que uno no sabe muy bien qué hacer. Y al tiempo tomé la determinación de dedicarle la mañana del domingo, o la tarde si ese sábado noche me habían pasado tres pueblos jejeje. El resto de la semana me limitaba a coger ideas o rumiar sobre qué escribiría. Así estuve durante algunos años, confinándome para crear sin compartir el resultado o inquietudes con nadie.


Como alguno ya sabréis empecé con una novela, (algo que no recomiendo) la misma con la que sigo después de un millón de repasos y cambios, (no fue hasta hace relativamente poco que me lancé a escribir relatos). Y salvo por el hecho de que escribir se volvió algo más cotidiano, todo se mantuvo igual hasta que Internet dio pie al cambio y a una considerable mejora.

Al igual que la escritura Internet llegó bastante tarde, y condicionado por el interés de conocer a gente con inquietudes afines (los aparatos eléctricos y yo no nos llevamos bien).


Sin saber cómo empecé a buscar, sin demasiado éxito en los comienzos. Hasta que el 30 de Junio del 2007 me registré en Sedice. Al principio dejé cuatro comentarios y medio y dirigidos mayormente a la búsqueda de sevillanos que escribieran. Días más tarde me enteré de que había una “quedada” en Valencia y sin pensarlo cogí el coche y me encajé allí. Y ciertamente mi concepción en muchos aspectos cambió bastante. Salí de la “quedada” con las pilas nuevas y muchísimas ganas de implicarme más de lleno. La verdad es que todas las tertulias y certámenes a los que fui resultaron muy enriquecedores, aunque también es cierto que en la mayoría de los casos más por los asistentes que por las actividades propuestas. En cualquier caso animo a la gente a que se pase por alguna.

Después de Sedice estuve probando por otros foros, aunque en muchos había poca actividad y en otros, como fueron Ábrete libro y Pasadizo, no llegué a integrarme. Algo más tarde conocí OcioJoven. Un lugar donde no vi demasiados comentarios, pero donde sí se podían encontrar muy buenos textos. Aunque le encontré bastantes pegas. El sitio se me hacía complicado y el hecho de que los textos a mandar tuvieran que ser inéditos y tardaran tanto en salir, unido a que no sabías cuándo te comentaban o si respondían a tus comentarios limitó algo mi paso.

Creo fue por esa época, a raíz de un certamen en Dos Hermanas, que empezó a fraguarse lo de formar un grupo de escritores en Sevilla y se tuvieron los primeros contactos con blog y foros de creación propia.

Desde los comienzos del colectivo aunamos conocimientos sobre páginas de interés literario e intercambiamos textos para corregir. Por entonces descubrí la pagina de Axxon y su taller de escritura, donde mediante buenas explicaciones y ejemplos corregí un buen número de errores, y me familiaricé bastante más con los guiones de dialogo (aunque se sigue teniendo errores, que uno se esmera por tener los textos pulidos y llega el Guybrush de turno y te hace el texto polvo, jeje)


Algún tiempo después varios sevillanos de OcioJoven se unieron al colectivo y la cosa ganó muchos enteros (Era gente que tenía más tablas y de la que se aprendió mucho en poco tiempo). Fue entonces, animado por Canijo y Weiss, cuando empecé con los relatos, algo que me trajo bastantes alegrías, que pienso que me aportó cierta versatilidad y empezó a abrirme los ojos en muchos aspectos.

Mantuve mi paso por Sedice y con algo de orientación por parte de estos compañeros empecé a entrar más asiduamente en OcioJoven, pero aún así seguí buscando sitios. Y como en los comienzos di con muchos portales pequeñitos, donde la participación era escasa o inexistente o había un “buenrollismo” infinito y colgaras lo que colgaras todo era estupendo y fantástico. Lugares estos últimos donde gente que no te conocía de nada te dejaba mensajes del estilo: “Amigo Ángel, tu texto me tocó el alma. Mil abrazos de tu amigo X y que tu pluma te guíe por fértiles senderos”. Y uno se quedaba con la sensación de que se estaba metiendo en una secta o algo por el estilo.

El tiempo pasaba e iba haciendo amistades en los foros, y estás mismas amistades me recomendaban otros foros. Así fue como conocí Fantasía Épica, quizás uno de portales donde mejor cayeron mis textos, y Prosófagos, la única pagina donde la gente entra a corregir por sistema. Una pagina que carece de versatilidad, en el sentido de que más allá de un foro general donde se tocan algunos temas no están más que los textos de los autores, pero donde se aprende muchísimo. El trato es muy agradable y dicho sea de paso sirve de cura de humildad para más de uno (hay dos o tres miembros con una habilidad para encontrar fallos o aconsejar posibles mejoras que te demuestran lo lejos que estás de una posible autosuficiencia correctora). Creo que fue aquí donde me recomendaron la página de “Stilus”, una pagina gratuita que tiene un corrector de textos mucho más completo que el de Word o la de “Wordreference”, que te hace las veces de pagina de la RAE, al tiempo que de diccionario de sinónimos y antónimos y de traductor en varios idiomas.


Con el paso del tiempo el blog de Sevilla Escribe comenzó a asentarse, y por medio de éste y del foro empezamos a conocer escritores de la zona que demostraron interés por participar. Escritores que hoy son compañeros y amigos, y con los que suelo reunirme una vez a la semana. Algo que de seguro no hubiera pasado de no ser Internet.


A los pocos meses de crearse el blog de Sevilla Escribe y algo más suelto con la creación decidí abrirme un blog propio. Como comentaba llevaba años con mi novela y necesitaba saber qué opinión le merecía a la gente. Y por otro lado tenía la convicción de que algo estaba mal y no podía precisar qué. Así que sin terminar, eso sí, registrando lo que tenía, empecé a colgarla por entregas. Y la verdad es que es algo de lo que me alegro, porque me ayudó a darme cuenta de muchas cosas, y por otro lado corroboró varias de las apreciaciones que me hicieron en el colectivo. En especial las de Canijo, que todavía a día de hoy cuando sale el tema me mira con sus ojillos entrecerrados y una sonrisa maliciosa, mientras señalándome con el dedo me dice: “Te lo dije, mamona”.

En resumidas cuentas aprendí que las historias no me las tenía que contar a mí mismo y no dar tantas cosas por sentado. Aprendí que independientemente del estilo los textos tenían que fluir. Aprendí que había que saber mirar al texto de forma global, que este no era una consecución de frases bonitas o biensonantes, y que las frases no eran más hermosas por retorcerlas más. Aunque bien es verdad que a veces la cabra tira al monte y recae en esos errores. Pero por suerte no faltan los que están ahí para aconsejarme, corregirme y animarme. Personas que viven lejos, muchos más allá del charco, pero que gracias a Internet puedo tener cerca. Y todos estos logros y mejoras, y otras tantas que quedan en el tintero, en menos de dos años. Dos años muy intensos, y en los que aprendí mucho más que en todos los anteriores.


Me despido, esperando que al menos las páginas que citó os sean de ayuda, y si recuerdo alguna más ya la añado en mensajes posteriores. Si tenéis algo que opinar o compartir alguna vivencia del estilo creo que es el sitio, y si no tal vez conozcáis alguna pagina de interés que pudierais citar por aquí. Sería una buena manera de echarnos un cable.

No sé vosotros, pero yo creo que eso de que la profesión de escritor es algo solitario pasó a ser cosa del pasado.


La Columna OcioZeta-Sevilla Escribe, "La literatura no es un camino de rosas"



La literatura, como casi todo en los tiempos que corren, está sujeta a significativos cambios, que se vienen produciendo en ciclos cada vez más cortos. ¿Se podría hablar de una evolución? Pues yo quiero pensar que sí, al menos en los que a facilidades para el escritor se refiere, (si tuviéramos que escribir con pluma a la luz de una vela, seguro que se le quitaban las ganas a más de uno).

Bromas aparte, este fenómeno social y cultural que es Internet nos ha abierto una nueva puerta para la comunicación y difusión, en el caso que nos ocupa artística. Una puerta por la que todo tiene cabida. Algo que a priori me parece perfecto, pues soy del pensamiento que, independientemente de su calidad artística, todo el mundo tiene derecho a expresarse (algo que está muy lejos del pensar que cualquiera puede ser artista o debería intentar serlo).

Mediante foros, blog y demás herramientas, se nos permite mostrar cuanto queremos compartir, y ni que decir tiene que es sumamente eficaz como escaparate y tarjeta de visita; un significativo avance en muchos aspectos y gracias al cual nadie puede ser silenciado.

Por otro lado creo que esta poderosa herramienta, como toda la que es usada con libertad, puede traer consigo cierta controversia. Supongo que habrá quien no tenga más pretensiones que colgar algún textito de vez en cuando y poco más. Algo que me parece perfecto siempre que se asuma su condición de textito. El problema viene cuando amigos y conocidos entran en tu blog y te dicen que eres magnifico, y tú vas y te lo crees. Y en ese momento, por arte de birlibirloque, ya eres una promesa de las letras que merece un hueco en el mundillo literario.

Todos los que frecuentamos los lugares donde se lee y se habla de literatura hemos escuchado la frase: “Hay demasiados escritores. Sobran” Creo que sería más correcto decir que no todo el que escriba puede llamarse escritor.

Deberíamos saber sopesar lo que hacemos y ser conscientes de si un texto tiene calidad. Y si en verdad puede aspirarse con él a algo más que una entrada en un blog o compartirlo con familia y amigos. Ser escritor es un trabajo, (no es una palabra que me guste usar, pues me suscita la impresión de actividad impuesta y poco grata. Pero lo que sí está claro es que es algo que debemos tomarnos en serio si queremos que quien nos lea haga lo propio). Y todo esto me lleva a una pregunta: ¿Hasta qué punto puede ser la causa de que las editoriales se vean colapsadas de manuscritos carentes de calidad, y que no pasan de ser una vaga sombra de las obras que las inspiraron?

Mi opinión es que tiene mucha culpa, mas no puede culparse a la herramienta.

Por otro lado está claro que no es el único problema, pero sí sería uno de los que habría que solucionar. Estamos saturando el mercado y haciendo que la literatura se entierre en sí misma.

Según las estadísticas, y por paradójico que parezca, España es unos de los países que más publica y de los que menos lee; un dato a mi parecer bastante significativo. Tal vez sea porque publicar en España sea más un negocio que en ninguna parte.

Difundir textos por Internet y compartir opiniones sobre ellos nos ayuda a mejorar, a darnos cuenta de qué impresión causan sobre lectores que, a priori, no están unidos por lazos afectivos que enturbian la opinión tendiendo a suavizarla, aunque más pronto o más tarde, si se tiene un trato continuado, suele caerse en el amiguismo, (otro tema interesante de tratar y que a día de hoy está haciendo estragos en muchos frentes).

Pero también debería hacer que nos diéramos cuenta de la cantidad de gente que escribe, y en muchos casos servirnos de cura de humildad.


Llegado este punto, creo que toda persona con un mínimo de coherencia debería, aunque sólo fuera por encima, hacerse una idea de cómo está la cosa y tomar una determinación: plantearlo como un hobby sin pretensiones o dejarse la piel, aunque no para publicar, ser famoso o cualquier otra historia, sino para escribir una obra que merezca ser leída, y digna de respeto propio y ajeno. A mi parecer éste es el verdadero comienzo para un escritor y debería ser su finalidad, todo lo demás queda en un segundo plano.

Otra de las preguntas que me vino a la cabeza cuando se me ocurrió escribir sobre este tema fue: ¿por qué a tantísima gente le dio por escribir?

Es de suponer que intervinieron un montón de factores, pero creo que uno de los más determinantes es el hecho de que se estén llevando a la gran pantalla numerosos best seller de corte fantástico, (creo que el crecimiento exponencial de dragonadas, al igual que boom gótico vampírico, hablan por sí mismos).


Cierto es que esta oferta cinematográfica ha conseguido algo que, al menos para mí, era impensable, y es que gente que jamás se acercaron a un libro se bebieran volúmenes de ochocientas, mil, y mil y pico de paginas (el hecho de que muchas de estas obras tuvieran más valor como arma arrojadiza es otra historia). Pero por otro lado creo que invitó a muchos de estos nuevos lectores a lanzarse a la “profesión” de escritores sin ningún respeto por ella, (todavía puede verse en alguna que otra pagina de carácter literario, pequeños pasajes inspirados en novelas como Eragón escritos con el lenguaje usado para mensajes de móvil). Como ya dije creo que todo el mundo tiene derecho a expresarse, pero no creo que este tipo de cosas puedan ser admisibles en sitios donde se promueve la literatura. En cualquier caso, creo que es un hecho que la mayoría de estos que sienten la fiebre de escribir terminan por dejarlo más pronto o más tarde, al tomar consciencia de que escribir bien no es fácil, y que aun llegando a poseer la técnica necesaria y una buena historia, tu trabajo puede pasar sin pena ni gloria por diversas editoriales, por temas como la falta de comercialidad, la extensión de la obra o mil y un factores más.


En definitiva que este no es un camino de rosas. Tanto es así que en España, salvo por unos pocos, la escritura no llega casi ni a ejercerse como profesión, (entiéndase profesión como aquello que nos permite llegar a final de mes y pagar las facturas). La mayoría de escritores, incluso con cierto nombre, viven de lo que les reporta otra actividad, y ejercen de escritores en los ratos que consiguen robar al sueño, o quitan a familiares y amigos. Algo que de seguro muchos de nosotros no haríamos si no amáramos tanto escribir.



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Curriculum literario

Nacido en Sevilla, en 1976. Miembro fundador del colectivo literario "Sevilla escribe", tertulia, taller y blog comunal. He publicado relatos, reseñas y algun que otro articulo en revistas virtuales y portales literarios (Ngc3660, Sedice, Ocio Joven, Ocio Zero, Prosófagos, Fantasia Epica, Yolie. com y La biblioteca fosca).

Además de colaborar con las actividades del taller y en algún que otro foro o revista literaria, estaba escribiendo una novela de corte medieval por entregas en un blog que a día de hoy está en barbecho: "Tortuosos senderos de fe" (elegida blognovela de oro de otoño y de invierno 2009, por los pobladores de blognovelas. com). Colaboro eventualmente en el portal literario Ocio zero como columnista.

*Ganador del "XIII Certamen literario de declaraciones de amor de Paradas" (2009) con “Amor nefando”


*Ganador del "VIII Concurso de cartas de amor y desamor de Gines” (2009), con “¿En verdad crees que me es del todo ajeno?”

*Semifinalista del “V Certamen de Cartas y Poemas de Amor Rumayquiya” (2010) con "Deseando amar", que pasó a formar parte del libro "Catorce de Febrero" .

* Mis microrelatos: "Historias", "Genaro" y "2046", fueron seleccionados para formar parte de la ecoagenda del 2011 de la Consejería de medio ambiente.

* Semifinalista del "VI Certamen de Cartas y Poemas de Amor Rumayquiya" (2011) con "Para el papá de Laurita", que pasó a formar parte del libro "Besos de acíbar y miel".
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