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Una mujer encantadora


Era una mujer encantadora. A veces, cuando se ausentaba, le cuidaba el jardín. Apenas se llevaba algo de ropa y sus tulipanes, y siempre volvía con uno más. Jamás habríamos pensando que fuera a abortar, y menos aún que para abonar sus flores enterrara entre sus raices los fetos.

Resignación


No eres más que una nueva herida y sobreviviré a no tenerte. La felicidad no se hizo para mí. A veces la veo como una pasajera errante que acrecienta mi angustia cuando, tras paladearla, se aleja con burlona apatía. Sólo me consuela saber que la desesperación dura un instante...

Revelación tardía


Al releer una vez más aquellas cartas, amarillas y ajadas por el paso del tiempo, mi inquietud desaparece y me sobreviene la calma al descubrir, tras la frialdad de tus letras, la huella de una furtiva lágrima que, sobre el papel, tuvo a bien dejarme el amor.

Aborto sentimental



Tras naufragar dulcemente despertó y, alargando el brazo, no encontró más que aire; lo acostumbrado.
De nuevo, en la penumbra de una habitación numerada, la asaltó el mudo enviado que muere cuando mata al despertar el llanto. 
«Ojalá pudiera oír sus burlas». 
«Todo sería mejor que el silencio…»

Historias



Sentados en torno a una hoguera, el abuelo les habló de cómo en su juventud el fuego arrasaba los montes, y árboles y animales morían; de cómo excursionistas sin miramiento lo llenaban de basura, y el lince y el lobo estuvieron a punto de extinguirse. Al terminar todos rieron, encantados con las historias de terror que inventaba el abuelo.

*Micro incluído en la ecoagenda 2011de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía.

2046



Bajo la atenta mirada de dos buitres negros que compartían rama en un alcornoque, el anciano recorría el monte con una sonrisa en los labios. Jamás pensó que él y sus habitantes le sobrevivirían, y que llegaría a verlo más hermoso y poblado que nunca. Jamás que, cuando la desforentación empezó a hacerse presente, despertaría la conciencia del mundo.


*Micro seleccionado para la ecoagenda 2011 de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía.

Genaro



Desde siempre, Genaro Robles pasó buena parte de su tiempo en el monte. Allí recogía la basura de los excursionistas, estropeaba las trampas de los furtivos, y cuando podía, plantaba algún que otro árbol. Un tipo solitario que algunos tacharon de loco.
Hoy, 20 años después, la Fundación Genaro Robles tiene sucursales por todas España. Miles seguimos su ejemplo.
*Micro seleccionado por la consejería de medioambiente para formar parte de las ecoagendas y calendarios del 2011.

De forma natural


Nada tenía, salvo la satisfacción que le producía su arte; era bueno y lo sabía, y cosechó grandes logros con los que, en soledad o en la pactada compañía de una vida disoluta, seguía alimentando su soberbia. Y así continuó, hasta que cierta mañana, tras una noche de excesos, despertó preso a perpetuidad de las limitaciones de la ceguera.

A los pocos meses estaba viviendo en la calle. Apenas conservó una gubia, con la que se distraía tallando rudimentarias figuras que terminaba por regalar a los curiosos críos que se interesaban en lo que hacía. Fue así como se corrió la voz, y docenas vinieron a pedirle algo. Desde ese día al menos un niño entraba en su casa con el regalo del mendigo ciego que hacía juguetes. Al principio algunos padres se mostraron reticentes, pero al conocerlo perdieron cuidado.

De forma natural, como sucede con lo que no se busca, el que fuera un ebanista con futuro ocupó un lugar en el corazón del pueblo; los ayudaba, y estos a cambio le daban comida o prendas de abrigo. Dicha labor lo acercaba a lo que fue, y con eso y saberse apreciado era feliz.

La lástima se tornó cariño, y llegó a ser parte de las familias, no faltando quien pusiera un plato para él en su mesa. El huérfano se sintió hijo y hermano de muchos, y tío de más de un centenar, cuyos nombres aprendió y distinguía por la voz.

Siempre había buscado la felicidad sin hallarla, y cuando más lejos se creyó de ella, esta lo encontró a él.

Publicado recientemente en el Nº 76 de la revista "De Primera Mano" (Ciudad del este - Paraguay)

Incomprensión


No sabía cómo ocurrió, y la verdad es que a estas alturas, y tras lo sufrido, ni siquiera le importaba. Lo único cierto es que desde el desafortunado accidente laboral su existencia había cambiado.

¿Cómo iba a imaginar que se le marginaría por ser distinto, que estaría condenado a vivir solo, a huir de las miradas de miedo y desprecio, sentimientos que con facilidad incitan al hombre a la violencia física?

Incluso sus seres queridos renegaron de él, apartándolo de su vida. Se había convertido en un monstruo, y consciente de ello se condenó al ostracismo.

Su existencia se redujo a matar el hambre como podía, y a huir de maldicientes y agresores; sin que faltara entre los más radicales alguno que intentara acabar con él. Y así se mantuvo durante largo tiempo, hasta que, cansado de ser un proscrito que por sistema despertaba odio y miedo en la gente consiguió una pistola y, en mitad de uno de esos ataques de lucidez, aquel zombi se voló los sesos.


Texto publicado originalmente en el tercer número de la Biblioteca Fosca: Zombis

Publicado recientemente en el Nº 76 de la revista "De Primera Mano" (Ciudad del este - Paraguay).

Sacrificio


Al alba, gozosos y apestando a aguardiente irrumpieron resueltos a llevárselo. Él se resistió cuanto le permitieron las fuerzas, pero nada pudo contra los fornidos zagales que iban con el patrón. Ella, nerviosa durante el forcejeo, se metió por medio, algo que el patrón castigó con dureza propinándole una patada en el vientre que la impelió a permanecer aterrada en una esquina.

Libre de impedimentos e inmovilizada la víctima, el patrón empuñó con maestría el acero, para, con un golpe seco y preciso, herirlo por primera vez.

Embargado por la rudeza del dolor no opuso resistencia, y con el acero aún dentro fue arrastrado al exterior sin presentar batalla.

Con acusado entusiasmo lo condujeron a un tronco en la plaza donde trabar sus extremidades; fue entonces cuando supo que pretendían matarlo, y se revolvió en un absurdo y desesperado intento por conservar la vida.

Una vez atado, su verdugo reemplazó el garfio con el que lo sujetaba de la cara por un enorme cuchillo, que lentamente introdujo en la blanda carne de su garganta arrancándole un grito que se oyó en cada rincón del pueblo. Agarrado por una docena de manos se convulsionó, hasta que el último borbotón de sangre cayó al balde donde una niña la movió con un cucharón hasta enfriarla.

Su cadáver fue pelado y escaldado, colgado y destripado; y llegado el momento comieron su carne. Fue un día animado, y al anochecer volvieron a sus casas sonrientes y con pedazos de él bajo brazo, deseosos de que llegara la próxima matanza.

Mi abuelo

















Manuel Vela Filigrana, más allá de consagrar su vida a aprender y desarrollar el arte de elaborar castañuelas, estudió sus orígenes; esto le llevó a escribir varios libros sobre éstas y su historia, a dar numerosas ponencias, y a realizar fieles recreaciones de cuantos instrumentos las precedieron, que encontró en libros, pinturas y grabados que se remontaban a los orígenes del hombre. Auténticas obras de arte que más tarde donaría.

A día de hoy, junto a sus herramientas y algunas fotos, puede verse en el Museo de Artes y Costumbres de Sevilla el banco donde trabajaba, en reconocimiento a su labor una calle de la ciudad lleva su nombre y varios años después de su muerte, familiares, amigos y muchos de los vecinos de la Barriada de Carmen recuerdan con cariño y admiración al que conocieron como "Filigrana".
Para más información aquí

Su lujuría; mi dulce depravación


Por ahí os dejo un microrrelato de Eva Batista, ganador ex aequo del reto 69 de la difunta Ocio Joven
La escuché reír y un escalofrío recorrió mi espalda.

“No me cogerá, no me cogerá…”


Me lamentaba yo en silencio mientras las lágrimas corrían por mi rostro. Estuve un buen rato escondiéndome de cuclillas detrás de la puerta, hasta que, con decisión, me puse en pie y me dirigí a las escaleras que me darían la libertad.


En el primer escalón la madera crujió bajo mis pies y la escuché reír de nuevo, desquiciada. Bajé corriendo, pero, cuanto más corría yo, más corría ella y más lejos me parecía que se encontraba la puerta. Aquellos siete segundos se me hicieron eternos, hasta que finalmente tomé el pomo con mi mano izquierda, dispuesta a poner fin a todo aquello,… y me di la vuelta.


Ella me sonreía desde el final del pasillo. Tenía los labios pintados de un rojo sangriento que resaltaba en aquella piel tan pálida. El rímel se le había corrido y su pelo, en otras ocasiones recogido en una severa coleta alta, estaba suelto y enredado. Se había puesto su minifalda fucsia con una blusa beige de escote pronunciado. Iba descalza.


“Descarada…no podrás conmigo, no otra vez…”


Se acercaba a mí mientras se contoneaba cual pavo real. Rió otra vez, y la fuerza de aquella risa resonó en mis oídos como un eco lejano, un eco eterno que llegaba acompañado por la voz ronca de aquella femme fatal.


Cuando estuvimos a la misma altura rocé mis labios con las yemas de mis dedos. Ella me imitaba. Se sentó en el suelo y abrió sus piernas muy despacio. Adiviné entonces unos rizos tan oscuros como su cabellera.


Me miró lasciva mientras se relamía. Mi corazón latía cada vez más deprisa.

Era la diosa de todos los males, la reina oscura de mis fantasías, la bruja en todo cuento de hadas…mi perdición divina.


Abrió más las piernas.


“Desvergonzada, niña mimada, caprichosa…”


Rezaba yo, mientras la veía deshacerse de su camisa, ofreciéndome todo su esplendor, retándome a sabiendas de sus efectos.


La sangre hervía en mi interior, cada latido me golpeaba el pecho y retumbaba en mis oídos. Quería haber aguantado más, haber sido más fuerte. Pero ¿para qué negar lo innegable?


Tenía que ser mía, toda ella, los traviesos rizos que se asomaban por su falda, sus redondos y endurecidos pechos. Quería poseer cada parte de su piel, fundirme con cada gemido…


“Eso es…”


Quería hacerla temblar de placer y me puse a ello. Mi mano izquierda acarició sin tregua el pecho, y continuó bajando lentamente, saboreándola poco a poco con la mano, llegué hasta su vientre y me entretuve en caricias dejándome llevar por el momento; seguí bajando...


mmm… sí, muy bien…eso es”


Empecé con movimientos circulares, despacio, y el ritmo se fue acelerando al compás de la respiración; gimió/gemí, se le/me aceleró el pulso, sintió/sentí que me quedaba sin aire, que todo desaparecía, que mi casa era un país, que el país era un mundo, que el mundo era un planeta, que el planeta un universo, que el universo tantas estrellas… y exploté como una supernova, y caí rendida en el suelo; con el rímel corrido, los labios de un rojo sangriento que destacaban con mi tez pálida, sin camisa, sin bragas y con la falda desbaratada.


Cerré los ojos y dormí complacida. La lujuria en mi reflejo, dulce depravación.


Foto por Vipergq

Crueldad es...


Crueldad es cuando con risas acrecientas el brotar de lágrimas que en mi necesidad de consuelo creí acallarías. La misma necesidad que me llevó a vencer la vergüenza que me impedía confiar en ti para enseñarte la herida de la que ahora te burlas.

¿Cómo pueden ser mis lágrimas el precio de tu alegría?


Semillas de malquerencia


Al sobrevenirnos la inexorable pérdida de cuanto para nosotros dio sentido a la vida nos abandonamos a ésta; consumiéndonos en la vacuidad de lo que se muestra como una mísera existencia. Y sólo cuando la amargura es mayor que la necesidad de amar, terminamos por arrancar efímeras verdades a unos labios carentes de consideración, que ansían aplacar el orgullo herido. De este modo, paradójicamente hacemos partícipes de dicho mal a cuantos han de amarmos.


Embriaguez


Ingiero amargos venenos que distorsionan mi realidad,
los cuales, solo a veces, consiguen sacar a la luz
lo bueno que pudiera haber en mí


Te conozco


No importará lo que intentes, algunas verdades salen siempre a la luz. Y por más que trates de esconder sentimientos, tu corazón siempre será el fiel delator al que no supiste enseñar a mentirme.

El triunfo de la sinrazón


¿De qué nos sirve la razón cuando es el corazón quien decide?


Horizonte de sucesos


Pues por aquí os traigo un texto que es su tiempo me dedicó en su blog mi buen amigo Vito Máquez. Espero que lo disfruteis.



Cuando El Náufrago Estelar tomó consciencia de que estaba condenado a muerte, se puso a escribir. Febril, hablaba sin parar. El ordenador de abordo transformaba su voz en textos. Éstos flotaban a su alrededor, como habitantes del Hades, en las pantallas holográficas de la cabina.

Mientras, la nave -apenas una mosca de radiación en los telescopios de La Frontera-, iba acercándose a las redes del disco de acreación del agujero negro Cygnus X1. Alguien había manipulado los cálculos en el salto espacio-tiempo a través del puente Einstein-Rosen. Un sabotaje. Un maldito sabotaje… Cuando menos -se consoló El Náufrago Estelar-, aquel incidente provocado (uno de tantos de La Guerra), lo había llevado a contemplar uno de los espectáculos que el Universo solo reserva a Dios y a las Inteligencias Artificiales de las agencias espaciales: antes que a él, aquel Caribdis cósmico estaba devorando al sistema planetario Gliese 581. Ver desaparecer una enana roja entre los brillantes jets azules de los polos magnéticos de aquel monstruo fue algo insuperable. Una de esas visiones que bien merece el pago de una pequeña vida humana.

Quizás fue ese momento de destrucción suprema lo que le llevó a la necesidad de crear. Algo, lo que fuese. Tal vez El Náufrago Estelar necesitaba dejar constancia de su paso por las galaxias, como un niño grabando unas iniciales en la corteza de un árbol. O puede que intentase llenar el vacío del espacio, la ausencia de materia que provocaba la presencia hipnotizadora de aquella aberración de la Ley de la Relatividad, con sus solas palabras.

Para cuando cruzó el horizonte de sucesos, precipitándose al abismo de lo imposiblemente denso, lo hizo acompañado con un mundo aún incompleto de personajes, situaciones, anécdotas, poemas, acciones y descripciones. Su último pensamiento -cargado de esperanza- antes de pasar a ser una emisión de rayos X fue para los mensajes que había ido enviando, día a día, con sus creaciones usando las últimas reservas de energía de la nave. Así, los hijos de su ingenio vibrarían entre la materia oscura, como un pulsar que dejaba un destello de su existencia en el firmamento, justo antes de perderse en el infinito de la noche.

Dedicado a mi buen amigo “palabras"

Ante el espejo


Pues por aquí os dejo un texto que me moló bastante de un compañero de Sevilla escribe, Vito Marquez. Si quereis leer más cosas suyas las encontrareis por aquí: http://palabrasmicrobioticas.wordpress.com/


Ante el espejo, El Ser Perfecto Nº. 33.72.1 -apodado Lucía-, contempla su inmaculado cuerpo desnudo.

El hastío escapa de sus pulmones en forma de un largo suspiro. La decisión es irreversible.

Ha cruzado el imaginario muro de hormigón que separa lo que es legal de lo que no. Acude al desorden de la ropa sobre la cama, coge su bolso, busca en él con manos nerviosas. Extrae la ampolla autoinyectable. Le tiembla el pulso. Antes de poder arrepentirse, se obliga a clavársela en el brazo. El corazón a punto de escapar de su busto esculpido por la genética.

Ya está hecho. La dosis haría su efecto pronto. Eran nanoides de origen africano, programados en algún laboratorio clandestino de Ciudad Nadie para actuar como radicales libres.

Ante el espejo, El Ser Perfecto Nº 33.72.1 -apodado Lucía- vuelve a verse pasados unos minutos. Los ojos amenazaban lágrimas de emoción. La piel comienza a verse surcada de leves arrugas, líneas de expresión, ideogramas olvidados del alfabeto del Tiempo. Sonríe. Lo ha conseguido. Por fin es diferente.

A partir de ese momento, todos caerían rendidos ante el exotismo imperfecto de su belleza de otra época.

El mirador del cielo


Como cada sábado, te espero en el banco donde nos sentamos a merendar desde el día en que nos conocimos. “El mirador del cielo” como terminamos llamándolo.

He traído los dulces que te gustan. ¿Por qué no vienes?

Mientras sigo esperando, ya bien entrada la noche, un hombre de mediana edad se aproxima, mirándome con una extraña expresión de tranquilidad y enfado.


−¿Qué haces aquí? −pregunta como si me conociera.

−Espero a mi señora, quedamos para comer pasteles.


Al oírme sus ojos se llenan de lágrimas. Me cuenta que moriste hace años. Me pide que no vuelva a esperarte.



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Curriculum literario

Nacido en Sevilla, en 1976. Miembro fundador del colectivo literario "Sevilla escribe", tertulia, taller y blog comunal. He publicado relatos, reseñas y algun que otro articulo en revistas virtuales y portales literarios (Ngc3660, Sedice, Ocio Joven, Ocio Zero, Prosófagos, Fantasia Epica, Yolie. com y La biblioteca fosca).

Además de colaborar con las actividades del taller y en algún que otro foro o revista literaria, estaba escribiendo una novela de corte medieval por entregas en un blog que a día de hoy está en barbecho: "Tortuosos senderos de fe" (elegida blognovela de oro de otoño y de invierno 2009, por los pobladores de blognovelas. com). Colaboro eventualmente en el portal literario Ocio zero como columnista.

*Ganador del "XIII Certamen literario de declaraciones de amor de Paradas" (2009) con Amor nefando”


*Ganador del "VIII Concurso de cartas de amor y desamor de Gines” (2009), con “¿En verdad crees que me es del todo ajeno?”

*Semifinalista del “V Certamen de Cartas y Poemas de Amor Rumayquiya (2010) con "Deseando amar", que pasó a formar parte del libro "Catorce de Febrero" .

* Mis microrelatos: "Historias", "Genaro" y "2046", fueron seleccionados para formar parte de la ecoagenda del 2011 de la Consejería de medio ambiente.

* Semifinalista del "VI Certamen de Cartas y Poemas de Amor Rumayquiya" (2011) con "Para el papá de Laurita", que pasó a formar parte del libro "Besos de acíbar y miel".
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