Era una mujer encantadora. A veces, cuando se ausentaba, le cuidaba el jardín. Apenas se llevaba algo de ropa y sus tulipanes, y siempre volvía con uno más. Jamás habríamos pensando que fuera a abortar, y menos aún que para abonar sus flores enterrara entre sus raices los fetos.
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Resignación
Posted by : Ángel Vela on 28/2/13 | Etiquetas: Microrrelato | 0 Comments
Revelación tardía
Posted by : Ángel Vela on 27/2/13 | Etiquetas: Microrrelato | 0 Comments
Aborto sentimental
Posted by : Ángel Vela on 27/1/13 | Etiquetas: Microrrelato | 0 Comments
Historias
Posted by : Ángel Vela on 26/3/11 | Etiquetas: Microrrelato | 2 Comments
2046
Posted by : Ángel Vela on 24/3/11 | Etiquetas: Microrrelato | 2 Comments
Genaro
Posted by : Ángel Vela on 19/2/11 | Etiquetas: Microrrelato | 3 Comments
De forma natural
Nada tenía, salvo la satisfacción que le producía su arte; era bueno y lo sabía, y cosechó grandes logros con los que, en soledad o en la pactada compañía de una vida disoluta, seguía alimentando su soberbia. Y así continuó, hasta que cierta mañana, tras una noche de excesos, despertó preso a perpetuidad de las limitaciones de la ceguera.Posted by : Ángel Vela on 7/7/10 | Etiquetas: Microrrelato | 0 Comments
Incomprensión
¿Cómo iba a imaginar que se le marginaría por ser distinto, que estaría condenado a vivir solo, a huir de las miradas de miedo y desprecio, sentimientos que con facilidad incitan al hombre a la violencia física?
Incluso sus seres queridos renegaron de él, apartándolo de su vida. Se había convertido en un monstruo, y consciente de ello se condenó al ostracismo.
Su existencia se redujo a matar el hambre como podía, y a huir de maldicientes y agresores; sin que faltara entre los más radicales alguno que intentara acabar con él. Y así se mantuvo durante largo tiempo, hasta que, cansado de ser un proscrito que por sistema despertaba odio y miedo en la gente consiguió una pistola y, en mitad de uno de esos ataques de lucidez, aquel zombi se voló los sesos.

Texto publicado originalmente en el tercer número de la Biblioteca Fosca: Zombis
Publicado recientemente en el Nº 76 de la revista "De Primera Mano" (Ciudad del este - Paraguay).
Posted by : Ángel Vela on 3/7/10 | Etiquetas: Microrrelato | 1 Comments
Sacrificio
Libre de impedimentos e inmovilizada la víctima, el patrón empuñó con maestría el acero, para, con un golpe seco y preciso, herirlo por primera vez.
Embargado por la rudeza del dolor no opuso resistencia, y con el acero aún dentro fue arrastrado al exterior sin presentar batalla.
Con acusado entusiasmo lo condujeron a un tronco en la plaza donde trabar sus extremidades; fue entonces cuando supo que pretendían matarlo, y se revolvió en un absurdo y desesperado intento por conservar la vida.
Una vez atado, su verdugo reemplazó el garfio con el que lo sujetaba de la cara por un enorme cuchillo, que lentamente introdujo en la blanda carne de su garganta arrancándole un grito que se oyó en cada rincón del pueblo. Agarrado por una docena de manos se convulsionó, hasta que el último borbotón de sangre cayó al balde donde una niña la movió con un cucharón hasta enfriarla.
Su cadáver fue pelado y escaldado, colgado y destripado; y llegado el momento comieron su carne. Fue un día animado, y al anochecer volvieron a sus casas sonrientes y con pedazos de él bajo brazo, deseosos de que llegara la próxima matanza.

Posted by : Ángel Vela on 30/5/10 | Etiquetas: Microrrelato | 2 Comments
Mi abuelo

A día de hoy, junto a sus herramientas y algunas fotos, puede verse en el Museo de Artes y Costumbres de Sevilla el banco donde trabajaba, en reconocimiento a su labor una calle de la ciudad lleva su nombre y varios años después de su muerte, familiares, amigos y muchos de los vecinos de la Barriada de Carmen recuerdan con cariño y admiración al que conocieron como "Filigrana".
Posted by : Ángel Vela on 20/5/10 | Etiquetas: Microrrelato | 4 Comments
Su lujuría; mi dulce depravación
La escuché reír y un escalofrío recorrió mi espalda.
“No me cogerá, no me cogerá…”
Me lamentaba yo en silencio mientras las lágrimas corrían por mi rostro. Estuve un buen rato escondiéndome de cuclillas detrás de la puerta, hasta que, con decisión, me puse en pie y me dirigí a las escaleras que me darían la libertad.
En el primer escalón la madera crujió bajo mis pies y la escuché reír de nuevo, desquiciada. Bajé corriendo, pero, cuanto más corría yo, más corría ella y más lejos me parecía que se encontraba la puerta. Aquellos siete segundos se me hicieron eternos, hasta que finalmente tomé el pomo con mi mano izquierda, dispuesta a poner fin a todo aquello,… y me di la vuelta.
Ella me sonreía desde el final del pasillo. Tenía los labios pintados de un rojo sangriento que resaltaba en aquella piel tan pálida. El rímel se le había corrido y su pelo, en otras ocasiones recogido en una severa coleta alta, estaba suelto y enredado. Se había puesto su minifalda fucsia con una blusa beige de escote pronunciado. Iba descalza.
“Descarada…no podrás conmigo, no otra vez…”
Se acercaba a mí mientras se contoneaba cual pavo real. Rió otra vez, y la fuerza de aquella risa resonó en mis oídos como un eco lejano, un eco eterno que llegaba acompañado por la voz ronca de aquella femme fatal.
Cuando estuvimos a la misma altura rocé mis labios con las yemas de mis dedos. Ella me imitaba. Se sentó en el suelo y abrió sus piernas muy despacio. Adiviné entonces unos rizos tan oscuros como su cabellera.
Me miró lasciva mientras se relamía. Mi corazón latía cada vez más deprisa.
Era la diosa de todos los males, la reina oscura de mis fantasías, la bruja en todo cuento de hadas…mi perdición divina.
Abrió más las piernas.
“Desvergonzada, niña mimada, caprichosa…”
Rezaba yo, mientras la veía deshacerse de su camisa, ofreciéndome todo su esplendor, retándome a sabiendas de sus efectos.
La sangre hervía en mi interior, cada latido me golpeaba el pecho y retumbaba en mis oídos. Quería haber aguantado más, haber sido más fuerte. Pero ¿para qué negar lo innegable?
Tenía que ser mía, toda ella, los traviesos rizos que se asomaban por su falda, sus redondos y endurecidos pechos. Quería poseer cada parte de su piel, fundirme con cada gemido…
“Eso es…”
Quería hacerla temblar de placer y me puse a ello. Mi mano izquierda acarició sin tregua el pecho, y continuó bajando lentamente, saboreándola poco a poco con la mano, llegué hasta su vientre y me entretuve en caricias dejándome llevar por el momento; seguí bajando...
“mmm… sí, muy bien…eso es”
Empecé con movimientos circulares, despacio, y el ritmo se fue acelerando al compás de la respiración; gimió/gemí, se le/me aceleró el pulso, sintió/sentí que me quedaba sin aire, que todo desaparecía, que mi casa era un país, que el país era un mundo, que el mundo era un planeta, que el planeta un universo, que el universo tantas estrellas… y exploté como una supernova, y caí rendida en el suelo; con el rímel corrido, los labios de un rojo sangriento que destacaban con mi tez pálida, sin camisa, sin bragas y con la falda desbaratada.
Cerré los ojos y dormí complacida. La lujuria en mi reflejo, dulce depravación.
Posted by : Ángel Vela on 28/4/10 | Etiquetas: Autor invitado, Microrrelato | 7 Comments
Crueldad es...
¿Cómo pueden ser mis lágrimas el precio de tu alegría?
Posted by : Ángel Vela on 22/4/10 | Etiquetas: Microrrelato | 0 Comments
Semillas de malquerencia
Posted by : Ángel Vela on 20/4/10 | Etiquetas: Microrrelato | 0 Comments
Embriaguez
los cuales, solo a veces, consiguen sacar a la luz
lo bueno que pudiera haber en mí
Posted by : Ángel Vela on 14/4/10 | Etiquetas: Microrrelato | 2 Comments
Te conozco
Posted by : Ángel Vela on 12/4/10 | Etiquetas: Microrrelato | 6 Comments
El triunfo de la sinrazón

Posted by : Ángel Vela on 8/4/10 | Etiquetas: Microrrelato | 2 Comments
Horizonte de sucesos

Mientras, la nave -apenas una mosca de radiación en los telescopios de La Frontera-, iba acercándose a las redes del disco de acreación del agujero negro Cygnus X1. Alguien había manipulado los cálculos en el salto espacio-tiempo a través del puente Einstein-Rosen. Un sabotaje. Un maldito sabotaje… Cuando menos -se consoló El Náufrago Estelar-, aquel incidente provocado (uno de tantos de La Guerra), lo había llevado a contemplar uno de los espectáculos que el Universo solo reserva a Dios y a las Inteligencias Artificiales de las agencias espaciales: antes que a él, aquel Caribdis cósmico estaba devorando al sistema planetario Gliese 581. Ver desaparecer una enana roja entre los brillantes jets azules de los polos magnéticos de aquel monstruo fue algo insuperable. Una de esas visiones que bien merece el pago de una pequeña vida humana.
Quizás fue ese momento de destrucción suprema lo que le llevó a la necesidad de crear. Algo, lo que fuese. Tal vez El Náufrago Estelar necesitaba dejar constancia de su paso por las galaxias, como un niño grabando unas iniciales en la corteza de un árbol. O puede que intentase llenar el vacío del espacio, la ausencia de materia que provocaba la presencia hipnotizadora de aquella aberración de la Ley de la Relatividad, con sus solas palabras.
Para cuando cruzó el horizonte de sucesos, precipitándose al abismo de lo imposiblemente denso, lo hizo acompañado con un mundo aún incompleto de personajes, situaciones, anécdotas, poemas, acciones y descripciones. Su último pensamiento -cargado de esperanza- antes de pasar a ser una emisión de rayos X fue para los mensajes que había ido enviando, día a día, con sus creaciones usando las últimas reservas de energía de la nave. Así, los hijos de su ingenio vibrarían entre la materia oscura, como un pulsar que dejaba un destello de su existencia en el firmamento, justo antes de perderse en el infinito de la noche.
Posted by : Ángel Vela on 4/4/10 | Etiquetas: Autor invitado, Microrrelato | 0 Comments
Ante el espejo
Ante el espejo, El Ser Perfecto Nº. 33.72.1 -apodado Lucía-, contempla su inmaculado cuerpo desnudo.El hastío escapa de sus pulmones en forma de un largo suspiro. La decisión es irreversible.
Ha cruzado el imaginario muro de hormigón que separa lo que es legal de lo que no. Acude al desorden de la ropa sobre la cama, coge su bolso, busca en él con manos nerviosas. Extrae la ampolla autoinyectable. Le tiembla el pulso. Antes de poder arrepentirse, se obliga a clavársela en el brazo. El corazón a punto de escapar de su busto esculpido por la genética.
Ya está hecho. La dosis haría su efecto pronto. Eran nanoides de origen africano, programados en algún laboratorio clandestino de Ciudad Nadie para actuar como radicales libres.
Ante el espejo, El Ser Perfecto Nº 33.72.1 -apodado Lucía- vuelve a verse pasados unos minutos. Los ojos amenazaban lágrimas de emoción. La piel comienza a verse surcada de leves arrugas, líneas de expresión, ideogramas olvidados del alfabeto del Tiempo. Sonríe. Lo ha conseguido. Por fin es diferente.
Posted by : Ángel Vela on 20/3/10 | Etiquetas: Autor invitado, Microrrelato | 0 Comments
El mirador del cielo
He traído los dulces que te gustan. ¿Por qué no vienes?
Mientras sigo esperando, ya bien entrada la noche, un hombre de mediana edad se aproxima, mirándome con una extraña expresión de tranquilidad y enfado.
−¿Qué haces aquí? −pregunta como si me conociera.
−Espero a mi señora, quedamos para comer pasteles.
Al oírme sus ojos se llenan de lágrimas. Me cuenta que moriste hace años. Me pide que no vuelva a esperarte.
Posted by : Ángel Vela on 16/3/10 | Etiquetas: Microrrelato | 10 Comments





